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Recuerdo con verdadera tristeza los primeros días del confinamiento. Las noticias nos llegaron a generar angustia e incluso se suspendieron las celebraciones litúrgicas y los templos permanecieron cerrados. Cuando mejoró la situación, la parroquia que tengo más cerca de mi domicilio empezó a abrir sus puertas durante un tiempo por las mañanas, de lunes a viernes. Estas horas de apertura coincidían con los horarios de teletrabajo de las personas que aún estamos en activo. Lo mismo sucedía con algunas cadenas de televisión, que retransmitían la misa en horario matinal.

La necesidad de poder asistir a misa, aunque fuera on line, me hizo ponerme a buscar por internet. Y no tuve que realizar ningún esfuerzo: rápidamente saltó a mi vista la página de Torreciudad en donde pude leer « misa en directo ». Mi reacción inmediata fue mirar la hora de la celebración, y cuando comprobé que era a las seis de la tarde, vi el cielo abierto (y nunca mejor dicho).

Durante los más de dos meses de aislamiento total, en la primera ola de la pandemia, dejando aparte mis ratos de lectura y oración personal, prácticamente, el único auxilio espiritual que tuve fue el que recibí desde Torreciudad mediante las conexiones con el santuario. Estoy convencida de que no encontré ese enlace en internet por casualidad. La misa en directo, con las homilías de los sacerdotes, el rosario, la adoración al Santísimo, me proporcionaron una gran paz. Por lo cual, me siento muy agradecida a la Virgen de Torreciudad.

Al cabo de algún tiempo, me llamó una amiga por teléfono para contarme que había descubierto una iglesia, no muy lejos de mi casa, en la que dejaban abiertas las puertas casi todo el día, se podía confesar y hasta daban la comunión individualmente. Ese templo lo atienden sacerdotes del Opus Dei, y lo vi como otro regalo de Dios, seguramente por intercesión de la Virgen.

Por todo ello, doy infinitas gracias al Señor, y me encantará visitar el santuario en la primera oportunidad que tenga para poder conocerlo. Espero que sea muy pronto, para darle las gracias a la Virgen allí, ante su imagen.

María M.