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El obispo de Barbastro-Monzón, mons. Ángel Pérez Pueyo, contestó a unas preguntas sobre la Iglesia y los santuarios marianos en el marco de la 27ª Jornada Mariana de la Familia que presidió en Torreciudad el 16 de septiembre.

El Papa Francisco escribió este año que desea «fomentar el desarrollo de la pastoral que se lleva a cabo en los santuarios de la Iglesia» con vistas a la nueva evangelización. ¿Cómo podemos entre todos contribuir a ese reto que nos plantea el Papa?

No me extraña. Los santuarios marianos son realmente como la «marca blanca» del cielo, es decir, el «microclima» donde poder revertir el orden de la creación, volviendo a instaurar las relaciones que nos vinculan con la naturaleza, con los demás y con Dios; el «ámbito» que devuelve al ser humano su originario sentido de creatura, su sentido fraterno que lo asocia con los demás hermanos, y su sentido filial que le hace sentirse verdaderamente hijo de un mismo y único Padre; el «medio» para «flotar» y poder recrear su identidad y vocación específica, que no es otra que la de participar de la GLORIA y de su plenitud divina.

En el fondo, este es el nuevo paradigma, el ángulo de visión que nos sugiere el Papa Francisco en su última encíclica, con el fin de que podamos recuperar la plenitud y el sentido de nuestra vida.

¡Bastaría con que cada uno se regalase tres o cuatro días al año, en cualquiera de los santuarios esparcidos por nuestra geografía, para que nadie pudiera pensar ni vivir para sí! ¡Para que puedas descubrir tu propia identidad y recuperar tu dignidad! ¡Para que te sientas sobrecogido por las gracias con que Dios te ha adornado! ¡Compruébalo y me lo cuentas! Lo demás, tanto el enclave como las instalaciones o la atención personal, suele ser exquisita. Tendría que estar preceptuado, como la ITV. En ello nos va la salud no sólo espiritual sino también personal, profesional y social.

La Virgen es Madre de misericordia, la actitud que resume este pontificado. Nos gustaría que subrayara la importancia de la cercanía y de la disponibilidad para ser mediadores de compasión en los santuarios.

El corazón de Dios está desgarrado. Roto. Sangra por tus heridas y por las mías. ¡El cardenal Ravasi tiene razón: «vivir sin amar, es una desgracia; pero vivir sin ser amado, es una verdadera tragedia»! Tragedia que viven tantos hermanos a nuestro lado que se «desangran» por la soledad o el desamor y deciden dejar de vivir (en el año 2014 se suicidaron en España 3.910 personas) o deambulan «muertos» por nuestras calles.

Nuestro corazón se va «desangrando» cuando nos sentimos engañados, utilizados, manejados, ninguneados…; cuando hemos experimentado, de una forma u otra, algún fracaso, frustración, caída…; cuando nos sentimos angustiados, abatidos, decepcionados…; cuando todos nos niegan «el pan y la sal» o se nos cierran todas las puertas; cuando una enfermedad o un contratiempo inesperado desbaratan todos nuestros planes o proyectos… ¿Quién podrá sanar nuestro corazón herido? Sólo Dios nuestro Padre, aunque el atajo infalible para llegar hasta Él, como pasa en nuestro hogar, sigue siendo la Madre. Ella, a ejemplo de su Hijo, ha enarbolado la revolución de la «ternura»… siendo testigo fiel del «MISERICORDIOSO».

¿Qué opinión le merece una jornada como ésta, que quiere ser una ayuda para colaborar en los valores que apoyan a la familia?

Experiencias así son las que necesitamos porque se convierten en un verdadero «antídoto» contra el «desamor». No sabría expresarlo mejor que como lo hiciera el poeta chileno, Nicanor Parra, en 1914:

SOLO

Poco/ a/ poco/ me/ fui/ quedando/ solo. Imperceptiblemente:/ Poco/ a/ poco. Triste es la situación/ del que gozó de buena compañía/ y la perdió por un motivo u otro. No me quejo de nada: tuve todo/ pero/ sin/ darme/ cuenta como un árbol que pierde una a una sus hojas/ fuime/ quedando/ solo/ poco/ a/ poco.

Torreciudad facilita el sacramento de la reconciliación, de acuerdo con los deseos del Papa, de la Iglesia. ¿Cómo plantear mejor, cómo hacer atractivo este medio de gracia?

¡Déjate abrazar por Dios! Este es el único secreto. Soy consciente de que dejarnos querer es lo que más nos cuesta. Traspasar la puerta de la misericordia es experimentar que todavía queda ALGUIEN que te quiere por lo que eres, que te hace experimentar su abrazo a través del SACRAMENTO DEL PERDÓN que te devuelve la alegría y la paz. No nos auto engañemos: todos necesitamos del signo sacramental del perdón (confesión) que nos devuelva la dignidad de hijos. Traspasar la puerta de la misericordia es experimentar cómo Dios asume tus heridas, tus fracasos, tus pecados… pero te constituye, al mismo tiempo, en bálsamo para los demás, en cirineo de otros crucificados que cargan con cruces injustas o insoportables. Te convierte, nada menos, que en otro Cristo… para que nadie se pierda. Y lleguen al conocimiento de la Verdad.

El Papa ha dicho en Colombia: « Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado es lo mejor que nos ha ocurrido ». ¿Cómo fomentar la pastoral vocacional y la alegría del encuentro personal con Jesús?

Dios hace tan bien las cosas que a cada uno de sus hijos lo ha adornado con las cualidades necesarias para que pueda desempeñar su misión evangelizadora y misionera. Lo audaz es descubrir la «hermosa talla» que Dios ha esculpido en tu corazón. Lo fuerte es dejarse modelar por Él. Nuestra tarea es simplemente ir quitando todo lo que sobra hasta que la «escultura» emerja a la superficie. Así de humilde y fecunda es toda vocación. Una GRACIA, una caricia de Dios, un verdadero regalo al servicio de la humanidad.

Con mi afecto y bendición.

Mons. Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón