Skip to content Skip to footer
El obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón (Huesca), mons. Ángel Pérez Pueyo, presidió la 27ª Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad el pasado 16 de septiembre. Publicamos la homilía que pronunció en la eucaristía celebrada al aire libre.

Publicamos el texto escrito preparado por mons. Ángel Pérez Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón, para su homilía en la eucaristía al aire libre celebrada en el santuario de Torreciudad (Huesca) el 16 de septiembre de 2017, con ocasión de la 27ª Jornada Mariana de la Familia.

HOMILÍA

Perdonad mi osadía, evocando la Palabra de Dios que acabamos de escuchar, si trato de parafrasear analógicamente lo que está aconteciendo en esta gran explanada repleta de familias. Pero tú, Torreciudad, insignificante ermita, perdida en el Alto Aragón, hasta que san Josémaría construyera este magnífico santuario para ser lugar de encuentro de miles de familias, venidas de toda la geografía española y del mundo entero, para recordar a toda la cristiandad cuál es nuestro verdadero origen y nuestro verdadero destino: que somos imagen de Dios. ¡Qué fuerte! Pero qué verdad. Nacido de Santa María Virgen, que no estamos huérfanos, que Dios nos ha regalado un padre y una madre, en esta tierra, para que pudiéramos disfrutar eternamente en el cielo de esa otra gran familia, la familia de los hijos de Dios.

Tu familia, la «red social» más potente

Santi Requejo, hijo de un matrimonio de la Obra en Plasencia, está casado con Ana Martín. Son una pareja encantadora. Aunque hace mucho que no nos vemos, nos une una amistad entrañable. Los conocí cuando trabajaba en la Conferencia Episcopal. Compartí con ellos un viaje a Roma, unos meses antes de casarse, porque tenía mucho interés en que Santi expusiera en el Encuentro de Pastoral Vocacional Europeo los trabajos que había realizado como director creativo de “02:59 films” y como cofundador de “May Feelings”. Ahora, por lo que veo, anda enredado con el grupo “Generación 2015”, un movimiento de jóvenes tecnológicos -Millennials- que se hallan comprometidos en la transformación de la vida y pretenden desarrollar y difundir los valores fundamentales del ser humano a través de acciones multimedia. Una vez más, nos han vuelto a «descolocar» con sus últimos trabajos.

Ojalá consiguiera, como ellos, enmudeceros ante el MISTERIO, ante «la mayor locura de amor» que jamás aconteciera en la historia. Y propiciase un profundo y fascinante ENCUENTRO con Aquel que se hace como tú para que tú puedas llegar a Él. No te confundas. Él nace en ti para que tú vivas en Él eternamente feliz. Pero esta locura de amor, no termina aquí. Él también está dispuesto a morir por ti… humillado, traicionado, maltratado. Está dispuesto a morir en tu nombre. Aceptando cada insulto, encajando cada golpe, en silencio. Por ti y por mí.

Encarnación y Redención, dos caras de una idéntica y misma locura de amor. No os confundáis. La antropología que subyace en nuestro mundo no es la cristiana. Me tranquiliza saber que, en repetidas ocasiones, os he advertido cariñosamente que no es baladí la educación que puedan recibir vuestros hijos ni el derecho que asiste a cada padre, a decidir libremente. Vaticino, como el Papa Francisco, que la cultura dominante nos está ofreciendo un proyecto de realización y felicidad que nos deshumaniza porque está rompiendo el equilibrio constitutivo de la naturaleza al constituir a los seres humanos en «objetos descartables», como los envases «desechables», de «usar y tirar». Hemos puesto la vida del ser humano al servicio de la producción y del consumo, cuyos rasgos identificadores, entre otros, podrían ser: el «individualismo», es decir, que cada uno busca su propio interés; el «hedonismo-consumismo», es decir, que nos movemos únicamente por el propio gusto, por el consumo incesante de bienes y de sensaciones nuevas; el «relativismo y subjetivismo», es decir, que el criterio de cada cual es la norma; el «secularismo», es decir, que en la práctica se vive como si Dios y los demás no existieran.

Frente a este modelo antropológico que hoy nos ofrece la «sociedad del bienestar» os sugiero el que Jesús de Nazaret, el «MAESTRO» por antonomasia, encarnó durante su vida. Él demostró a la humanidad que otra forma de sentir, de pensar y de actuar era posible. Su modo de realización y felicidad gravitaba sobre la «comunión», es decir, no somos individuos aislados, sino personas en relación. La humanidad se realiza en la comunión interpersonal y social con los demás y con Dios. Buscar cada uno el interés de los demás es lo que más nos humaniza; el «servicio», es decir, el camino de la felicidad, no está tanto en consumir cuanto en poner la vida al servicio de los demás para que puedan vivir. ¡Quién se ha inventado que la plenitud de sentido en la vida se consigue compitiendo en lugar de colaborando para que todos tengan la misma dignidad!; la «libertad», que no consiste únicamente en poder elegir, desechar, o cambiar las cosas, sino en buscar juntos, desde la diversidad, la verdad. Y conformar desde ella nuestra vida; la «fraternidad», es decir, que somos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros. Y juntos podemos construir un proyecto común. Somos una verdadera familia humana. Reconocerlo, nos dignifica y humaniza.

Las claves fundamentales que nos identifican como cristianos son «la vocación a la comunión en el amor y la libertad, también de conciencia» y «vivir para que los demás vivan». El Evangelio, la buena noticia que ofreció Jesús de Nazaret a la humanidad, sigue siendo todavía hoy el proyecto de humanización y felicidad más completo e integral. Bastaría que cada uno lo encarnara en su vida cotidiana, tratando de vivir el amor y la justicia (caridad política) para poder hacer frente al empobrecimiento y la deshumanización. Además, tuvo la osadía de regalarte a su madre, para que no quedases huérfano. En ella siempre encontrarás amparo y protección, esperanza y consuelo, calor de hogar. Tu otra familia donde podrás redescubrir tu identidad y recobrar tu verdadera dignidad, de hijo, de hijo «predilecto» de Dios. Esta es la «gran locura de amor» que nos convoca esta mañana a todos los que nos hemos reunido en este hermoso y majestuoso santuario externo, rodeado de esta exuberante naturaleza.

La familia, es sin duda el «microclima», el «ecosistema» más antiguo y potente de la humanidad. O como refieren ingeniosamente los del grupo «May Feelings», la familia es la mejor «red social» del mundo. La familia es una «red social» donde uno no necesita registrarse. No tiene publicidad. Es gratuita. Además, si tienes problemas económicos, te ayudan. La familia es una «red social» donde tú eres el verdadero protagonista de la vida. Donde podrás compartir tus fotos y tus historias más íntimas sin miramiento. Donde te garantizan que tus mensajes siempre van a ser leídos. Donde puedes jugar, en tiempo real, con las personas más significativas de tu vida. Donde compartir y aprender las mejores recetas y conseguir la forma más económica de viajar. Donde descubrir y desarrollar tus mejores potencialidades. Donde conseguir las mejores recomendaciones para encontrar trabajo. Donde todos sus usuarios comparten sus conocimientos de forma gratuita. En esta red social no hay nadie desconectado. Sus seguidores, rezarán por ti cuando lo necesites. La familia es una red social accesible a todo el mundo. En esta red social, no hay nadie desconectado. Donde nunca se cae el servidor. Donde nunca te sentirás solo. La familia es una red que utilizan más de siete millones y medio de personas. Con más años de vida que tú y yo juntos. En realidad, es más que una «red social». Es tu familia. ¡Protégela! Es una especie en extinción. Reza por ella con las mismas palabras que lo hiciera el Papa Francisco al concluir el Sínodo de la Familia:

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.

iGRACIAS PAPÁS, POR SER COMO SOIS!

En domingo tan significativo, en el que celebramos LA JORNADA DE LAS FAMILIAS, quisiera agradecer a mis padres, en nombre propio y en el de mi hermana Conchita (q.e.p.d.) no sólo el regalo inestimable de la vida sino, sobre todo, el don precioso de la fe que supieron trasmitirnos. Y reconocer su inigualable mediación para que, en lo cotidiano del hogar, pudiéramos descubrir al Señor, amarle, seguirle y colaborar con Él incondicionalmente. Perdonad mi osadía si al compartir con emoción contenida mi gratitud al Señor por haber sido hijo de tan buenos padres… me uno hoy a la acción de gracias que vuestros hijos y nietos os quieran expresar a través de esta carta que escribí con mi hermana el día en que celebraron sus bodas de oro matrimoniales:

«Queridos papás Rodrigo y Carmen:
Quisiéramos compartir con vosotros algunas de las experiencias que hemos vivido a vuestro lado y que dejaron una profunda huella en nuestro corazón aunque, tal vez, para vosotros pasaran desapercibidas:
• Cuando pensabais que no os veíamos, os escuchamos pedirle a Dios por nosotros y aprendimos que existía Alguien a quien se podía acudir siempre y hacerlo con sencillez y confianza.
• Cuando pensabais que no os veíamos, sentimos muy viva vuestra preocupación, especialmente por los que estaban enfermos o atravesaban momentos de dificultad y aprendimos que debemos ayudarnos y preocuparnos los unos por los otros.
• Cuando pensabais que no os veíamos, nos dimos cuenta de cómo gastabais vuestro tiempo y vuestro dinero en ayudar y socorrer a los más desfavorecidos y aprendimos a compartir y a ser solidarios con ellos.
• Cuando pensabais que no os veíamos, sentimos cómo vuestro rostro acariciaba suavemente el nuestro cuando nos dabais silenciosamente un beso por la noche antes de acostaros y nos sentíamos amados y seguros.
• Cuando pensabais que no os veíamos, nos maravilló el cuidado con que atendíais la casa y a cuantos vivíamos en ella y aprendimos a cuidar y a valorar todo lo que hemos recibido como don y como gracia.
• Cuando pensabais que no os veíamos, nos sorprendió con qué fidelidad cumplíais con vuestras responsabilidades, aun cuando no os encontraseis bien, y aprendimos a ser siempre responsables.
• Cuando pensabais que no os veíamos, pudimos darnos cuenta de vuestras lágrimas y aprender que, a veces, las cosas y, sobre todo, las personas nos hacen sufrir y hasta llorar.
• Cuando pensabais que no os veíamos, nos dimos cuenta de lo mucho que significamos para vosotros y aprendimos a ofrecer lo mejor de nosotros mismos para no defraudar a nadie.
• Cuando pensabais que no os veíamos, aprendimos que las mejores lecciones de la vida se aprenden en el hogar.
¡GRACIAS, de corazón, por ser como sois!
Vuestros hijos, Conchita y Ángel.»

Con mi afecto y bendición para todas y cada una de las familias, especialmente para aquellas que estén atravesando momentos delicados.

Os ofrezco, por último, como antídoto, este poema conmovedor que suelo regalar a los jóvenes cuando me dicen que están enamorados:

SOLO

Poco/a/ poco/ me/ fui/ quedando/ solo.

lmperceptiblemente: /Poco/ a/ poco.

Triste es la situación/ del que gozó de buena compañía/ y la perdió por un motivo u otro.

No me quejo de nada: tuve todo/ pero/ sin/ darme/ cuenta

como un árbol que pierde una a una sus hojas/ fuime/ quedando/ solo/ poco/ a/ poco.

Nicanor Parra (Chile 1914)

Con mi afecto y bendición

Ángel Pérez Pueyo
Obispo Barbastro-Monzón