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Una pintura del Sagrado Corazón de Jesús, obra de Federico Laorga, preside como retablo la capilla dedicada al Sagrado Corazón del Señor, situada junto al medallón de la Virgen de Torreciudad. El cuadro es una alegoría que tiene en el centro un Corazón de Jesús herido por la lanzada y, sobre él, la Cruz y la corona de espinas. Alrededor del Corazón, una explosión de rayos luminosos y todo rodeado por cabezas de querubines. Sobre el Corazón, el Espíritu Santo, en forma de paloma, y en lo alto, entre nubes, aparecen las manos del Padre Eterno. Un coro de ángeles, con instrumentos musicales, alaban y glorifican a la Trinidad Beatísima y a la Humanidad Santísima del Señor. Una cinta escrita expresa sus voces con la frase de Jesús Igne veni mittere in terram («Fuego he venido a traer a la tierra», Evangelio de san Lucas 12, 49).

En el primer término del cuadro, dos ángeles tenantes portan sendas inscripciones. La de la izquierda conmemora el momento en el que san Josemaría Escrivá encargó la pintura: Hispali / Die V maii MCMLXVII / Conditor Operis Dei / Sua ergo cor Iesu Sacratissimum et Misericors devotione motus / Hanc imaginem pingere fecit (En Sevilla, el día 5 de mayo de 1967, el Fundador del Opus Dei hizo pintar esta imagen llevado por su devoción al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús).

El ángel de la derecha muestra un pergamino en el que está escrito: Romae / Die II iunii MCMLXVII / in festo Sacratissimi Cordis Iesu / Conditor noster / hanc imaginem in sacellum / ibi nunc extat / turriscivitatis transferi iussit. Se alude al 2 de junio de 1967, solemnidad del Sagrado Corazón, día en que el Fundador del Opus Dei señaló que esa pintura se colocase en Torreciudad.

En la parte inferior del cuadro hay una vista panorámica del nuevo santuario y de la ermita. En una cartela, en la parte baja del marco, está la jaculatoria Cor Iesu Sacratissimum et Misericors, dona nobis pacem! (Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús, ¡danos la paz!), en recuerdo de la consagración del Opus Dei al Corazón Sacratísimo de Jesús, hecha el 26 de octubre de 1952, fiesta de Cristo Rey. En las paredes de la capilla, en las rejas de los balcones que asoman por la parte alta, se puede leer la jaculatoria ¡Alma, calma!, un recordatorio espiritual para poner la confianza en Dios ante las inquietudes y problemas de la vida.