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Este verano visité el santuario con la Hermandad de la Virgen del Carmen de mi población, aunque no pertenezco a ella, para celebrar el 10º aniversario de su llegada a Torreciudad. Me animé a viajar aunque llevaba más de 3 años físicamente mal, cada vez peor, y hacía un año que había terminado un proceso de implantes dentales con una operación maxilofacial dura. Además, estaba recibiendo tratamiento para la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, recién diagnosticados por un neurólogo. La víspera de la visita me quedé descansando en el hotel para tener fuerzas al día siguiente.

Fue inolvidable la visita guiada. Muy alegre y a la vez muy íntima y recogida. Al igual que la confesión. Salí reconfortada y con muchas ganas de seguir adelante, y siguiendo el consejo del sacerdote que me confesó, dispuesta a ofrecer los malos momentos que me traiga mi enfermedad. También me traje una Virgencita bendecida que me acompaña siempre. Además, a pesar de mis dolores, subí las escaleras y no por la rampa. Todo un logro. Sin duda la Virgen me prestó su apoyo para que pudiera hacerlo. Y ahora, gracias a Ella, llevo el dolor con alegría. Es mi testimonio.