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Hoy se ha clausurado el XXVI Ciclo Internacional de Órgano de Torreciudad con la actuación de la flautista Sofía Martínez Villar y la organista Maite Aranzabal. En esta ocasión, el repertorio del concierto estuvo muy vinculado a la palabra, a las emociones y a las imágenes que esas palabras suscitaban en los asistentes. En unas piezas se logró a través de arias de ópera y en otras haciendo alusión directa a textos o poesías.

El programa recorrió tres países europeos: Italia, Francia y España, con obras que abarcaron históricamente desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el primer cuarto del siglo XX. Hubo piezas románticas con muchas resonancias de la ópera, y otras más influenciadas por el impresionismo y el modernismo español, todas muy evocadoras y abiertas.
En la presentación del concierto, Sofía Martínez Villar destacó los dos solos que se iban a interpretar, uno de órgano y otro de flauta, en los que se explotaron al máximo los recursos tímbricos de ambos instrumentos. Y llamó la atención del público sobre el hecho de que iba a escuchar un total de 4.073 tubos: 4.072 del órgano más el tubo de la flauta travesera, el único que tenía agujeros, en concreto, 14.

Durante la actuación se pudo escuchar Amorosa, una de las diez melodías vascas, que evoca paisajes del País Vasco y habla también del concepto del amor. Su compositor, Guridi, es uno de los más interpretados de su época. La Sonatina de Donizzeti, compositor italiano muy conocido del romanticismo, es una obra muy animada. En ella se distinguen dos personajes: uno apesadumbrado, quizá por la pérdida de un amor, y junto a él, un amigo que le anima, que quiere seguir viviendo. Las intérpretes “caminaron” junto a estos dos personajes. El solo de órgano, el Postludio-Cántico de Dubois, fue la obra más técnica, basada en un coral que integra una pequeña fuga.

Las 3 obras de Toldrá que cerraron el concierto fueron las más comentadas por el público. Basadas en poesías de autores valencianos y catalanes en las que se hace referencia a múltiples sensaciones, acercaron imágenes de paisajes del mes de mayo, en los que escuchamos el aleteo de los pájaros, los campos cuajados de flores… Todo ello gracias a las explicaciones de Sofía, experta en este acercamiento de la música al gran público. El Ave María, con su sorpresa de “campanas”, creó un clima especial en este entorno tan singular. Destacó también el Sonetí de la Rosada, que habla del rocío, y se pudo escuchar cómo esas gotas caen por la mañana, brillan y se deslizan por las hojas.

Tras los aplausos finales, las intérpretes ofrecieron como bis el tercer tiempo de la Sonatina para flauta y piano de Malcolm Arnold, que rompió con todo lo escuchado hasta el momento en un clima de blues conseguido, entre otras cosas, por la registración del órgano, que recordaba a los Hammond tan típicos de la música de jazz.

Al terminar, Maite Aranzabal, directora del Ciclo de Órgano de Torreciudad, hizo balance de la edición de este año: «disponer de un aforo tan amplio nos ha permitido ofrecer una gran seguridad al público asistente y lograr audiencias bastante numerosas. La utilización de cámara de vídeo junto a los intérpretes, conectada a grandes pantallas en el templo, ha facilitado que el público no sólo disfrute de la música, sino también de la visión directa de la ejecución de las piezas. Estamos muy satisfechos con el éxito creciente de los dúos, la combinación de instrumento solista y orquesta, en este caso, el gran órgano. Y quisiera agradecer a nuestros colaboradores, la Fundación Caja Rural de Aragón, el Ayuntamiento de Secastilla y Alumbra Energía, y a la unión que mantenemos con el festival Clásicos en la Frontera, todo el apoyo que nos prestan».